Para hablar sobre la vacunación es importante entender cómo funciona nuestro sistema inmune (el sistema de defensa del cuerpo). El sistema inmune se puede clasificar en innato y adaptativo.

El sistema inmune innato es con el que nacimos y es el que primero va a actuar. Detecta cuando existe alguna sustancia extraña en el cuerpo y la ataca. Estas “sustancias” las llamamos antígenos, y pueden ser bacterias, virus, cuerpos extraños, toxinas, etc.

Imaginemos que estamos en una ciudad amurallada; una de las defensas innatas de la ciudad sería la muralla en sí, otra los guardias de las entradas a la ciudad y otra los guardias en las torres de control. Cuando un grupo de rebeldes quieren atacar la ciudad, primero se enfrentarán con el problema de cruzar la muralla, y luego de poder atravesarla sin que los guardias los vean. Generalmente no lo logran, ya que la muralla es muy fuerte y las entradas están muy bien vigiladas.

Ahora, imaginemos que no solo vienen unos cuantos rebeldes, si no que la ciudad se ve afectada por el ataque de cientos de rebeldes. Los guardias de las entradas y de la torre de control hacen lo posible por frenar el ataque. La muralla logra resistir a los ataques, pero se ve en peligro de fracturarse por que los rebeldes trajeron hasta cañones. Ante esta situación, uno de los guardias de la torre sale a informar al ejército sobre el ataque y lleva una descripción específica de cómo son los atacantes. Este guardia (llamado célula dendrítica) acude a las bases militares (nódulos linfáticos) en donde se encuentran los grandes mandos del ejército (linfocitos).

Los linfocitos serían el sistema inmune adaptativo, los cuales acudirán al sitio donde se encuentre la agresión para iniciar una cascada de defensa. Una vez alertados, en los nódulos linfáticos comienzan a reclutarse muchos linfocitos para el ataque contra los rebeldes.

Existen dos tipos de militares, los linfocitos T y los linfocitos B. Los linfocitos T acudirán directamente a atacar a los rebeldes con su gran fuerza (así como Superman) y no necesitan de armas, ya que sólo con su gran fuerza son muy eficientes para derribar al enemigo.

Los linfocitos B en cambio se organizan en dos grupos, unos que acuden directamente a atacar al enemigo con armas letales y específicas (anticuerpos), estos linfocitos B se llaman células plasmáticas; y otro grupo de linfocitos B que guardan la información de las armas específicas (anticuerpos) necesarias para combatir a estos rebeldes, por si en alguna nueva ocasión deciden regresar. Estas células que guardan la información se conocen como linfocitos B de memoria.

La respuesta del sistema inmune adaptativo es más lenta, pero es más eficiente y además genera memoria para toda la vida, por si la ciudad vuelve a recibir ese tipo de ataque.

Las vacunas van a activar al sistema inmune adaptativo, con el fin de generar células de memoria que ataquen en un futuro a los microorganismos que quieran entrar a nuestro cuerpo, y de esta manera prevenir la enfermedad.

Las vacunas están hechas por microorganismos inactivados o atenuados, otras por toxinas, y otras por pequeñas proteínas de estos microorganismos. Todos los tipos de vacunas son seguros y no producen enfermedad. Son sólo una pequeña muestra del microorganismo para que el cuerpo pueda detectarla y defenderse, pero sobre todo crear memoria para que en un futuro si regresa ese germen (ya sea virus o bacteria), tenga las armas suficientes para atacarlo.

La mayoría de las vacunas se inyectan en el músculo (ya sea en el brazo o en la pierna en el caso de los niños), ya que existen muchas células dendríticas en ese sitio (¿se acuerdan de los guardias de la torre?). Estas células al detectar la vacuna acuden a los nódulos linfáticos (bases militares) y les presentan la información a los linfocitos, quienes en un periodo de 3 a 6 semanas se preparan produciendo células de memoria y células plasmáticas con anticuerpos listos para atacar al microorganismo. Los primeros anticuerpos listos para proteger al individuo se generan dentro de las primeras 2 semanas, es por eso un niño que se vacuna por ejemplo contra la varicela, corre el riesgo de infectarse si se pone en contacto con el virus de la varicela durante la primera semana después de la vacunación.  

Durante el primer año de vida, los niños son más vulnerables a infectarse, ya que están más expuestos a los microorganismos y su sistema inmune todavía no es suficientemente maduro, por lo que se requieren de dosis de refuerzo para generar una buena memoria contra todos estos gérmenes. Las dosis de refuerzo se dan generalmente con un periodo de 2 meses entre vacunas para no interferir con el proceso de formación de células de memoria y anticuerpos.

Espero que les haya quedado un poco más claro el cómo funcionan las vacunas y la gran utilidad que tienen. Es una gran herramienta que tenemos para poder prevenir enfermedades y proteger a nuestros seres queridos.

 Dra. María José Garcés Hernández

Médico Pediatra

Especializado en Obesidad Infantil y del Adolescente

Diplomado en nutrición pediátrica

Maestría en Ciencias Medicas

Estudiante de Doctorado en Ciencias Médicas

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